Haiti between bordies

Las fotografías fueron tomadas en un lugar emblemático: río Dajabón, es allí donde se estableció el límite entre Haití y República Dominicana a fines del siglo XVIII. Este curso de agua recibió desde mediados del siglo 20 otro nombre: Río Masacre, porque fue en ese lugar, donde en 1937 15 mil haitianos encontraron la muerte, por orden del dictador Rafael Trujillo.

Los haitianos cruzan dos veces por semana el puente que une ambos países, en él existen portones que se abren y cierran a una hora determinada. Personal de migraciones efectúa los controles cotidianos, y los viernes y lunes de ocho a cuatro de la tarde, las puertas se abren permitiendo que pobladores de Haití pasen con sus mercancías para ser trasladas a la ciudad dominicana fronteriza.

De todo cruza el río Masacre: desde gallinas y arroz hasta teléfonos celulares, verduras, ropa,  bebidas.

Mujeres, hombres y niños llevan en carros o sobre su cabeza, sus productos con la esperanza de volver con algunos pesos que les permitan su subsistencia.

Cuando el puente se abre se produce la estampida. Del otro lado de la frontera el control acecha. Es implacable según el día, según el humor de quienes controlan la entrada y salida del puente.

Así vive este pueblo castigado por la pobreza, por el tremendo sismo del 2010, que dejó destrucción, hambre y enfermedades que aún persisten.

A pesar de todo existen sonrisas en algunos rostros. Miradas que nos dejan mensajes, manos que nos muestran el paso del tiempo, posturas que nos hacen pensar que existe un mundo que espera respuesta, esa que parece que nunca llega.

Hoy los haitianos no controlan su frontera. Las fuerzas de paz que están allí por las Naciones Unidas, tienen como función evitar que haya disturbios o enfrentamientos entre los pobladores, pero no fiscalizan qué entra o sale del lado haitiano.

Ojos enormes, tristes, vivaces, sonrisas enigmáticas, miradas que encierran misterios no develados, cuerpos morenos que muestran una historia de sometimiento y postergación.

Daniel Gastaldi, nos deja con sus fotografías un testimonio de los habitantes de un pueblo castigado.

Textos: Graciela Vazquez Moure